Cómo hacer un proyecto fotográfico

Cómo llevar a cabo un proyecto fotográfico en el extranjero

Una guía rápida de qué hacer a la hora de elegir y definir cuál será tu proyecto fotográfico

Llega un día en el que te levantas de la cama y decides que quieres contar historias, que quieres compartir un conocimiento, unas sensaciones y un contexto que aún no tienes ni conoces, con gente que piensa que no le importa. Decides que vas a viajar y conocer, para después contar. Decides que vas a hacer algo especial, algo diferente; un proyecto fotográfico en el extranjero. 

Una vez alcanzado este punto de optimismo inicial comienza una cuesta abajo: ¿Qué historia quiero contar? La respuesta a esto es muy sencilla: la que merece ser contada. Comienza un periodo de análisis del mundo en el que vamos agarrando y descartando temas que podrían ser de interés. En esta etapa tenemos que tener en cuenta dos factores importantes. En primer lugar, evitar escoger una historia para nuestro proyecto que ya haya sido contada, la que ocupa los telediarios. Sin duda es mucho más sencillo elegir un tema que llena las bocas de la opinión pública, elegir que el tema de tu proyecto fotográfico será la crisis de los refugiados o el conflicto colombiano. Es más complejo lanzarte a un proyecto del que nadie habla, decidir que vas a ir a la capital de Mozambique, dónde has oído que existe un problema verdaderamente serio de niños sin hogar.

El segundo factor a tener en cuenta, quizás más complicado, es evitar a toda costa el sensacionalismo y el amarillismo. Queremos contar historias. Generalmente estás historias son o tristes, o duras, o escabrosas, o violentas, o una mezcla de todo lo anterior. Sin embargo, tenemos que tratar el tema que estamos trabajando, sea cual sea, con respeto  y empatía. En la era del showbussines, del realityshow y la viralidad en redes, evitar convertir nuestro proyecto fotográfico en una atracción de feria debe ser una prioridad absoluta.

 

Proyecto fotográfico en el extranjero: ¿Planificarse o dejarse llevar?

Pasado esta etapa de preparación, reservas unos vuelos de Madrid a Maputo y tienes dos opciones: ir con una historia premeditada o dejar que la historia vaya surgiendo. La primera sin duda es más sencilla y requiere menos tiempo, pero tiene un problema de base enorme. Si vas con una historia premeditada, trabajaras con el objetivo de confirmar lo que ya pensabas, descartarás toda la información que consideres que no se ajusta a la historia que quieres contar y, probablemente, terminarás tremendamente decepcionado al descubrir que la realidad es diferente a lo que te habían hecho pensar esos diez o quince artículos y libros que leíste para documentarte sobre el tema.

Sin embargo, si llegas sin expectativas -que no sin documentar- esperando que la historia vaya surgiendo poco a poco; tardarás más en contar una historia que quieras contar, y es posible que te cueste decidir cuando es suficiente, y que el final de la historia la ponga la fecha del visado en el país. Pero, sin embargo, el orgullo será mayor. La propia historia te irá guiando a lo largo del proyecto. Lo que te vaya contando una persona te llevará a la siguiente, confirmar y desmentir datos que pensabas que eran ciertos se convertirá en una suerte de juego. Conocerás el barrio, la ciudad o el país en el que estés trabajando, te empaparás de todo para, luego, por la noche, intentar procesar toda esa información y convertirla en notas, grabaciones y párrafos coherentes y contundentes.

Llegas al aeropuerto de Maputo, a las 6:30 de la mañana, dejas las cosas en la que va a ser tu casa las próximas semanas y decides ir a la dirección que indica la página web de una organización que trabaja con niños de la calle. Esa dirección es tu plan A, B, C y todas las letras que siguen en el abecedario. Durante el proceso de documentación de los días previos no has encontrado nada convincente para empezar. El ministerio de acción social no es una verdadera opción, por lo que si esta dirección no funciona tendrías que lanzarte a la calle directamente y preguntar, sin saber muy bien el que, como un ciego sin bastón.

 

Cómo moverte en el lugar de destino

Llegas a la dirección, es una universidad, preguntas y enseñas los papeles en donde tienes apuntada la dirección hasta que una chica, con un polo amarillo y el logo de la universidad en el pecho te indica donde está el lugar que buscas.

Entras, es un pequeño local colocado fuera del edificio de la universidad, con un guardia de seguridad que no hace muy bien su trabajo; o no se percata de tu llegada o simplemente le da igual. Entras en el local, cuentas quien eres, lo que quieres y como les has encontrado. Es jueves, hace calor y te dicen que están de mudanza, que es su último día en esa oficina, que a partir de mañana se cambian de lugar de trabajo. Por un día, por unas horas. Llegas a venir más tarde y te encuentras el local cerrado, llegas a venir el día siguente y te encuentras el local vacío.

Te dicen que vuelvas el viernes para hablar y te dan unas tarjetas de visita. Habías olvidado que la gente continúa usando tarjetas de visita. Las tarjetas de visita ya indican la dirección del nuevo local, parece que en papel han sido más rápidos que en la web.

Tienes el resto del día libre, hasta el día siguiente no vas a tener acceso a la información que consideras necesaria para empezar. Decides empezar a pasear, comer por el centro de la ciudad, observar y hablar. Hablar sin parecer un periodista, no quieres parecer periodista, a la gente no le gustan los periodistas. Hablas con la gente, sobre los temas que vayan surgiendo, dejas que la conversación fluya, dejas que te hablen; te hablan sobre fútbol, sobre que tener hijas es mejor que tener hijos, sobre que los blancos somos muy débiles frente a los mosquitos y que debemos tener cuidado, tú les dices que 24 grados no es invierno y ellos te dicen que sí; te cuentan el problema del transporte público por la cantidad de gente que vino de otros lugares a la capital, preguntas si llegan muchos niños solos a la capital y empieza a contarte una visión de esa realidad que te interesa, su visión.

Terminas de comer y le pagas su plato de comida también, es un total desconocido, seguramente jamás vuelvas a verle, pero lo haces. Te da su número de teléfono para quedar algún otro día, te dice que se llama Almeida. Habíais estado hablando cerca de una hora y no te había dicho su nombre, ni tú se lo habías preguntado.

 

Objetivo: conocer la historia que hay detrás de cada persona

Durante el resto del día visitas algunos sitios que te dijo Almeida. Empiezas a entender el funcionamiento del transporte público -que es siempre un reto en una ciudad nueva-, vas a los mercados y a las afueras de la ciudad, empiezas a entender su ritmo, sus virtudes y sus defectos, empiezas a entender los mecanismos de soborno a los policías.

Llega el viernes y te reúnes con el director de la asociación que visitaste ayer. Se llama Vicente, viste un polo rojo, es bizco y se ríe mucho. Mientras bebe té de un termo que, calculas, debe tener unos cinco litros. Comienzas a preguntar superficialmente, ¿por qué tantos niños?, ¿de dónde vienen?, ¿qué buscan?. Tienes suerte, Vicente es directo, no se anda con rodeos. Tú aún no tienes una historia, sólo un tema, no tienes un proyecto, sólo una idea. estas preguntas sirven para ir definiendo poco a poco la que será tu historia.

“En la calle, los niños se dedican a limpiar coches, a aparcar coches, a vender esto u esto otro y, también, a robar un poco” concluye Vicente mientras  suelta una pequeña carcajada. “Sin embargo, las niñas lo tienen más difícil, solo se pueden dedicar a una cosa, a los clientes, así que muchas se embarazan o contraen enfermedades”. Le preguntas que dónde están las niñas, en el rato que llevas allí solo has visto niños. “Tenemos otra casa para niñas, está al final de la calle”. Preguntas si puedes ir a verla y te dice que sí, sin problema.

 

Cuando aparece la idea

Llegas a la segunda casa y, ya al entrar, aprecias que el ambiente es radicalmente diferente. En la primera casa, niños, muchos niños, jugaban por el patio, gritaban y reían; era 1 de junio, día de la infancia, no tenían clase. Sin embargo, en la segunda casa, reina el silencio, solo se escuchaba un televisor. En una habitación grande, una niña trabaja en algo parecido a una alfombra, sentada en el centro, con la mirada fija en la pantalla, revelando una pequeña sonrisa de vez en cuando.

Comienzas a hablar con la educadora, de nuevo de forma superficial, por el momento solo quieren entender el contexto en el que te estás moviendo. Repite, más o menos, lo que te contó Vicente antes. “Ella -dice la educadora mientras señala con los ojos a la chica sentada en el centro de la habitación- por ejemplo, es seropositiva y tiene muchos problemas con las drogas, tenemos muchas niñas en la misma situación”.

Poco a poco lo vas viendo claro, ya sabes que historia quieres contar, quieres hablar de estas niñas. ¿Por qué nunca habías oído hablar de esta prostitución infantil? ¿Por qué a nadie le importa esto? Decides que vas a dedicar tu tiempo aquí en contar la historia de estas niñas, que las vas a fotografiar y dignificar, que vas a hablar con ellas, con sus educadoras, que vas a recorrer las calles por las noches para entender en que contexto de mueven. Ya tienes la historia para tu proyecto, ahora queda todo lo demás.

 

 

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